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18/10/2012 - 20:24
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El Uruguay que piensa

por: Alfredo Vallejo

A partir de la vuelta a la democracia, en varias oportunidades se han realizado encuestas para determinar quines son los intelectuales y pensadores del Uruguay. Los nombres que vienen surgiendo son fundamentalmente de polticos, sobre todo de ex presidentes y lderes partidarios. ltimamente se sum a la lista alguna figura deportiva.
De acadmicos o intelectuales, prcticamente ninguno. Esto es por lo menos curioso en un pas formateado a lo largo del siglo XX por el aporte intelectual de personalidades como Rod, Vaz Ferreira y Real de Aza. Un pas que recibi de la generacin del 45 una influencia sustancial, definitoria de las discusiones ideolgicas y culturales de las dcadas siguientes.

Qu est pasando hoy? Qu lugar ocupan los intelectuales en la crtica a la realidad cotidiana y la propuesta para una superacin colectiva?

Rara vez aparecen en los noticieros o programas periodsticos de televisin, opinando sobre el acontecer poltico, social y cultural. Ese lugar lo ocupan frecuentemente los investigadores de opinin pblica y politlogos, limitando muchas veces la riqueza de un anlisis global a la pueril discusin sobre preferencias sectoriales y partidarias.

La crisis educativa debera ameritar un debate ms fermental que el mero partido de ping pong entre oposicin y sindicatos.
La debacle cultural tendra que generar una reaccin enrgica de personas expertas, que enciendan la alarma frente a la aculturacin de la peor televisin portea, la chismografa barata que contamina en forma creciente los contenidos de los medios masivos y las redes sociales, la msica chabacana y la propagacin social del violentismo de los barras bravas.
Una de las razones del silencio de los intelectuales ante estos temas es cierto temor a ser acusados de intolerantes. Pocos se animan a criticar la cumbia villera, a pesar de que musicalmente tiene un valor nulo y de que sus letras son permanentes lecciones de sexismo y apologa de las adicciones y la violencia.
Muchos liberales creen que hay que mantenerse neutral frente a la produccin cultural espontnea, en la medida que tenga un pblico que la consuma. Muchos estatistas, por su parte, opinan que incluso est bien estimular este tipo de expresiones, por ese prurito de no estigmatizar a quien las crea o disfruta. En uno y otro prejuicio, al avalar el primitivismo, lo que se est haciendo es acentuar la marginalidad cultural de quienes lo consumen.
Por un lado hay una omisin de la responsabilidad intelectual, de denunciar lo que est mal aunque caiga antiptico. Y por otro, tambin incide el decaimiento del prestigio de quienes dedican su vida a la produccin de conocimiento.

En ese sentido, las declaraciones del presidente Mujica a "La Diaria" hace un par de semanas son sorprendentes. Con la franqueza que lo caracteriza, dice que "en Uruguay hay un mundo universitario que cree que por su formacin tiene la patente de la sabidura, y no mira con un desprecio reaccionario, porque es gente culta, relativamente delicada, pero no lo puede disimular: cree que el nico camino del saber es el que emprendi ella. No cree mucho en los autodidactas ni en la formacin que puede dar la vida en el andar".

Con un presidente que expresa una simplificacin de esta envergadura, no es de extraar el bajo ndice de graduados universitarios del pas. Cuntos jvenes se van a sacrificar estudiando, si la recompensa es ser calificado de sabelotodo petulante?
El mismo prejuicio explicit la presidenta Cristina Fernndez, dialogando con estudiantes de la Universidad de Harvard. Cuando algunos de estos muchachos, de nacionalidad argentina, la pusieron en aprietos con sus preguntas, ella opt por descalificarlos, por ser privilegiados que estudian all mientras muchos jvenes compatriotas ni siquiera pueden acceder a la universidad estatal.
Otro bonito ejemplo para los ni ni: en lugar de felicitar a quienes son aceptados por una de las universidades ms importantes y exigentes del mundo, se los seala con el dedo acusador por poder pagarla: son ricos, burgueses, enemigos.

Al final hay que preguntarse si tanta insistencia en jerarquizar lo popular por sobre lo acadmico, no se originar en la intencin de perpetuar la ignorancia de los pobres, para que al cebarlos con subsidios, sean cada vez ms dependientes y dominables.

Un primer deber de nuestros intelectuales en fuga debera ser reivindicar a viva voz la importancia de la formacin acadmica. Volver a posicionarla como un mandato de superacin personal para todos los niveles sociales, y no como un entretenimiento para burgueses caprichosos.
Otro, igualmente importante, tendra que consistir en cuestionar con dureza ese relativismo que postula que toda expresin cultural debe ser estimulada, aunque degrade la dignidad humana. No se trata de reclamar censura, sino de colgarle un slido contrapeso de calidad a tanta apelacin a la barbarie.


Cantidad de comentarios: 3

21/10/2012 - 23:42

oscar:

muy cierto todo lo que se dice en esta nota, es preocupante ver como en la sociedad uruguaya cada vez mas abundan la mediocridad y los golpes bajos


24/10/2012 - 11:32

Kiko:

Si, as est el pas...saliendo del pozo q los gobiernos tradicionales dejaron en ruina durante ms de 100 aos... As est el pas con la menor tasa de desempleo en la historia. As est el pas con uruguayos con posibilidades reales que por oposicin y mrito a travs de concursos ingresen en la administracin pblica, y no por amiguismo. asi est....podra seguir tanto ms. No soy FaFAN, ni mucho menos, solo que reconozco cuando hay cosas q funcionan, y tmb otras q son verguenza (caso PLUNA), pero ...dentro de lo malo es lo menos peor.


27/10/2012 - 15:14

El Fede:

El Uruguay que piensa?... cuando v el ttulo pens que era algo de "ciencia ficcin".



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